Juan Manuel Ferrario | De anarquistas, locos y suicidas

| Erosión #1 (segundo semestre de 2012)

Si vamos a la raíz del asunto, el anarquismo y su práctica en una sociedad generalmente hostil contra todo espíritu de libertad, se torna desde el inicio en una conducta suicida.

En un mundo que hace de la complicidad y el silencio una cómoda ausencia del más mínimo compromiso, el anarquista será puesto en la mira de cuantas inquisiciones se establezcan, sean éstas religiosas o políticas. Obligado por su propia esencia, el espíritu libertario será llevado hacia los márgenes de la sociedad en la que vive. Acusado de loco, de terrorista, de utópico extravagante, la vida del anarquista oscilará entre la cárcel, la locura, la tumba o el suicidio.

No exageramos. Veamos sino diversos casos que nos brinda la historia, de los que no hacemos apología pero que ponemos a modo de ejemplos concretos, en los que se verifica lo que afirmamos, sin olvidar, desde ya, que el anarquismo fue mucho más que mero ilegalismo.


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